Restart


Un gélido viento azotó su pálida cara cuando intentó abrirse paso entre la multitud en las calles de la ajetreada capital. Era una pena que un tiempo tan poco acogedor le recibiera en su primer día de estancia en la gran ciudad.
Las luces de neón ya presumían de sus colores y belleza a punto de fundirse en los locales más extravagantes que se podían encontrar por allí, a una hora muy temprana, tal vez las seis de la tarde.
Siguió cruzando calles en las que el tráfico desbordaba la calzada, atravesando estrechas calles inundadas por malhumorados y estresados peatones, que, sin embargo, le daban una sensación de calidez casi familiar.
Tal vez estuviera hecha para la vida urbana, quién sabe; tal vez abandonar su pueblucho en medio de la nada fuera la mejor decisión que hubiera tomado en su corta vida.
Pero aún le quedaba mucho por ver. Sus ojos juveniles aún destilaban emoción y excitación cuando notó una gota de lluvia sobre su mejilla sonrosada, y, automáticamente, cerró los ojos y se dejó llevar, aun con los cláxones de los coches de fondo.
Respiraba aire, sabiendo que no estaba tan limpio como el de su pueblo, pero no le importaba, pensaba que tenía la esencia de todo lo que allí se hallaba.
Cuando sus pies no pudieron con más, se dejó caer en un banco, en una plaza muy céntrica, le sonaba de haberlo visto en la tele.
Un lugar donde nadie te conoce, donde puedes empezar de nuevo, donde puedes tener una segunda oportunidad, donde todo puede cambiar en un momento… Sí, el mejor lugar donde hacerse valer iba a ser aquél.
Porque además, sentía que la inspiración le rodeaba por todas partes: en cada calle, en cada rostro, en cada esquina, en cada sonrisa.








Noches reversibles

Acércate a mí, como solías hacer antes. Haz que note tu respiración en mi pelo.
Susúrrame al oído tus palabras más profundas y hazme sentir única de nuevo.
Éramos dos, pero éramos uno.
Mentes sincronizadas, almas palpitantes, cuerpos unidos en uno solo.
Qué fácil es decir un 'te quiero', qué complicado es demostrarlo.
Por eso nosotros nos queremos en silencio; nada que decir, nada que demostrar.

Somos una ráfaga de emociones, un huracán de deseo, una nube de amor, algo indestructible.

Pero tú no te acercas, tu susurro no es más que aliento inaudible, no hay nada que demostrar...
Ahora que tenía tanto que darte...
"¿Qué te conmueve?", me preguntaste.
Yo respondí con un suspiro helado.

Hay tantas cosas... Personas que intentan ser bellas, perfectas. No me conmueve el hecho de que lleguen o no a serlo, sino que muestren voluntad de querer mejorar, de querer dar más de sí mismas para otras personas.

Cuando el egoísmo se supera, y en su lugar quedan la empatía y las ganas de hacer felices a otras personas, nos damos cuenta de la belleza que hay en cada uno de nosotros.

Moss Garden

En la oscuridad siempre hay una pequeña luz que asoma en lo más profundo de ella.
Aparece cuando las esperanzas comienzan a agotarse, cuando todo se cree perdido y es la ayuda para seguir adelante, para darnos ánimos a adentrarnos en el misterio de lo desconocido.
Una percusión un tanto extraña hace acto de presencia con su sonido relajante y abrumador, de un modo discreto y ligero.
Ello fue lo que hizo aquel viaje tan mágico y lleno de encanto.

Uncertain times

Yo estaré, pero... ¿Estaréis vosotros cuando yo os necesite?

Sin esta pregunta, mi vida sería mucho más sencilla de lo que es.
Dar y recibir: no tiene por qué ser recíproco, eso sería pensar de un modo egoísta.
Pero cuando sólo das, y no ves el atisbo de una recompensa por tu esfuerzo, entonces es cuando piensas que has malgastado tus fuerzas, más aún si no hay quien aprecie lo que hayas hecho por ellos...

No quiero ser idiota, de ésos hay muchos en el mundo.


Con el paso de tiempo, por lo menos, te vas dando cuenta de quién merece y quién no merece recibir.
¿Debo intentarlo más? ¿Es que no lo he intentado lo suficiente? ¿De verdad tengo alguna oportunidad?

¿...O tal vez debería desistir, aquello a lo que siempre aspiro pero aquello que nunca logro?



¿Por qué será?
... Porque tú nunca me serás indiferente.


Y a una acción, siempre hay reacción.

Mi primera combustión

¿Tengo una especie de Síndrome de Estocolmo o algo?

Porque con quien me hizo daño, en su momento, perdoné sin más, o ni siquiera eso; inconscientemente dejé que me hicieran daño, y yo seguía apreciándoles...
Lo peor es que eso aún no ha acabado.
Aún me sigue pasando.
¿Por qué a las personas que más quiero son aquellas que más daño me han hecho? (En general, hay excepciones...)

No sé si seré masoca o simplemente, soy idiota.



O son paranoias mías, o en verdad mucha gente se aprovecha/ha aprovechado de mí por ello...