Química irracional

Uno, dos, tres, fusión.
Chispas, destellos, que se entrecruzan en nuestras miradas.
Tus ojos me dicen "ven", mi razón se resiste, el corazón bombea rápido la cálida sangre que recorre uno a uno cada rincón de mi cuerpo.
Doy un paso, me arrepiento, vuelvo a donde estaba. Me coges la mano y todo queda atrás.

Las segundas oportunidades no son más que el velo que cubre una mentira, para que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

Mis labios suplican que no vuelvas a hacerme daño, tus promesas dejan claro que no.

Pero las palabras se las lleva el viento.
Confiar, o no confiar se convierte en una cuestión vital.

Quiero confiar en ti, pero me gustaría tener la certeza de si eso es suficiente... ¿lo es?

We are the new pollution


Arropada en sus sábanas de sueños rotos, cubierta por su edredón de insomnio, se frota los ojos ante el pequeño rayo de sol que se cuela entre la pequeña rendija de la ventana que no consigue tapar la persiana.
Sus ojeras van adquiriendo un tono violáceo, que contrasta con su pálida piel y su cobrizo pelo.
Apoya un pie en la alfombra, se da impulso, se levanta y se estremece ligeramente al notar que ha apoyado el dedo gordo del pie izquierdo en el frío mármol que cubre el suelo de la habitación.

Está sola, asomada por la ventana, aun con el pijama puesto, nota que el frío traspasa sus huesos, y que el sol que la mira desafiante solo es una falsa ilusión. Le esperaba un día frío y duro.

Antes de salir de su pequeño hogar en las afueras de un modesto barrio obrero, se abrocha los cordones de los zapatos y termina de guardar los libros que le faltan en la mochila, ya no tan nueva y colorida como al principio del curso, en septiembre, sino oscurecida a causa del tan frecuente uso que se le da a diario.

Mira al cielo y no entiende lo que ve. Algo normal para una dulce niña de once años.
Pero, en cambio, sí parece notar cómo al respirar el aire matinal no le hace sentir viva, como debería ser.

El cielo está gris, pero no es a causa de la borrasca.
El cielo está gris porque nosotros queremos.
El cielo está gris porque nuestra forma de vida ha ido destruyéndolo.
El cielo está gris porque lo hemos matado.

Vivir así, cada día, respirando la esencia de la muerte que un día nos invadirá al completo.
Respirando el anticipo de nuestra caída y derrumbe, de la fuerza poderosa que nos apartará de quienes más queremos.
¿No hay solución? Nadie se atreve a planteárselo.
Porque parece ser que no merece la pena salvar la vida de todo el planeta si a cambio tenemos que destruir nuestra actual (y asesina) forma de vida.

Que alguien haga algo.
Antes de que su último aliento se haya convertido en veneno.

Walls are tired

Hay que ver, cómo se repite esa maldita pregunta un día al año, "¿qué se siente con un año más?". ¿Es posible que existe pregunta más estúpida que esa?
En mi caso, lo único que ha variado es que ahora tengo todo lo mejor y peor de la edad adulta.
Más libertad, que acarrea más responsabilidades.
Los dos últimos años de la adolescencia, antes tan interminable, tan presente, ahora contemplamos sus últimos momentos, recordados por buenos o malos momentos que hicieron estremecernos de emoción o temblar de rabia. Se desvanece, y con ella, los mejores y los peores años de tu vida.

Sueño adolescente parte I: Escapar





Sentirse desmotivado, alejarse de la ciudad, del ruido y de toda población humana posible.
Correr entre el viento, apartando zarzas con la mano, sintiendo el escozor de la madre naturaleza mientras gritas en silencio y apoyas apenas las puntas de los pies en cada piedra de la calzada que te sostiene.
Tienes ganas de caer al vacío, pero sin embargo, sobrevivir al acto.
Últimamente es difícil vivir al límite, a no ser que ése sea la descripción actual a "vivir en una ciudad con altos niveles de contaminación, en una sociedad esteroitipizada e intolerante".
Al fin y al cabo, ¿qué es peor que sentirse rechazado en tu propio hogar?

El mundo ya no valora lo diferente, quizá algunas personas sí, pero el mundo que nos pintan está lleno de falsas personalidades, valores superficiales basados en modas que un año llegan y a los seis meses desaparecen.

Todo guiado por el dinero.

¿Qué más da hacer que unos cuántos jóvenes pierdan su esperanza en ellos mismos teniendo dinero para nosotros?


Dile que eres libre y que no dependes de nadie, que nada te atará a ningún poste con una jodida cadena oxidada de viejo hierro, y, ante todo, no olvides decirle que antes no eras así.
Antes buscabas la libertad por encima de todo, te escapabas del lugar que fuera simplemente para sentir la excitación que te provocaba huir de tus responsabilidades.
Pero con el tiempo, no quedó más remedio que mentirte a ti mismo, no eres más que otra marioneta del sistema, a punto de ser utilizada. Te convencieron para estudiar y buscar un trabajo, ¿qué más dejarás que hagan con tu maldita mente?
Te diré cuál fue tu perdición: la televisión. Dejarte engatusar por aquellas personas que gritaban a los cuatro vientos cómo había que ser, cómo había que pensar y cómo había que amar...
En aquel momento, tu cerebro, tan hiperactivo y curioso sólo pudo responder de una manera: obedeciendo a aquellos estúpidos estándares que sólo perseguían controlar a todos cuantos pudieran, en beneficio de unos cuantos impresentables en busca de dinero y más dinero.
Te dejo este mensaje aquí, esperando que respondas y que pienses por ti mismo, hace tanto que no lo haces...
En estos momentos estaré en camino de cambiar algo en el mundo, por completo. Más de ocho mil personas y yo intentaremos cambiar lo más difícil de modificar en el mundo: la mentalidad humana.
Vamos a cortar todas las transmisiones de televisión posibles, y para ello nos infiltraremos donde haga falta.
Vamos a traer el pensamiento de vuelta a este mundo.
Aunque cueste un millón de años.

Dejarme aquí sola... Entre tanto desconocido... es lo peor que podrías hacer.
Porque una ya se cansa de preocuparse tanto por todo y por todos, de agobiarse con asuntos sin importancia vital.
Asomarse por la ventana ya no es ese mero hecho sin más, ahora es observar ese mortal precipicio que te mira desafiante mientras la reflexión y la angustia se apodera de tu mente.
Ahora las consecuencias se plantean sin saber antes las opciones, más aun, sin conocer el problema cuestionado.
Nunca más volveré a estar segura de algo.

Restart


Un gélido viento azotó su pálida cara cuando intentó abrirse paso entre la multitud en las calles de la ajetreada capital. Era una pena que un tiempo tan poco acogedor le recibiera en su primer día de estancia en la gran ciudad.
Las luces de neón ya presumían de sus colores y belleza a punto de fundirse en los locales más extravagantes que se podían encontrar por allí, a una hora muy temprana, tal vez las seis de la tarde.
Siguió cruzando calles en las que el tráfico desbordaba la calzada, atravesando estrechas calles inundadas por malhumorados y estresados peatones, que, sin embargo, le daban una sensación de calidez casi familiar.
Tal vez estuviera hecha para la vida urbana, quién sabe; tal vez abandonar su pueblucho en medio de la nada fuera la mejor decisión que hubiera tomado en su corta vida.
Pero aún le quedaba mucho por ver. Sus ojos juveniles aún destilaban emoción y excitación cuando notó una gota de lluvia sobre su mejilla sonrosada, y, automáticamente, cerró los ojos y se dejó llevar, aun con los cláxones de los coches de fondo.
Respiraba aire, sabiendo que no estaba tan limpio como el de su pueblo, pero no le importaba, pensaba que tenía la esencia de todo lo que allí se hallaba.
Cuando sus pies no pudieron con más, se dejó caer en un banco, en una plaza muy céntrica, le sonaba de haberlo visto en la tele.
Un lugar donde nadie te conoce, donde puedes empezar de nuevo, donde puedes tener una segunda oportunidad, donde todo puede cambiar en un momento… Sí, el mejor lugar donde hacerse valer iba a ser aquél.
Porque además, sentía que la inspiración le rodeaba por todas partes: en cada calle, en cada rostro, en cada esquina, en cada sonrisa.