Hello...
Cinema Bizarre el 30??
Es posible x)
Qué ilusionada estoy, coño!
Encima es fiesta y hacía tiempo que no me levanataba tan tarde.
Anoche acabé de ver 'Un paseo para recordar' (preciosa) y vi la mitad de Pulp Fiction, a ver si hoy acabo de verla :)
Xx
Brick by boring brick.
Hey!
¿Habéis escuchado Brand New Eyes de Paramore?
Pues si no es así, ya estáis tardando.
Xx
¿Habéis escuchado Brand New Eyes de Paramore?
Pues si no es así, ya estáis tardando.
Xx
Oniria
La noche en que soñó con él empezó igual que todas. Una leve caricia fría se arrastraba por su rostro.
Cada noche, abría la ventana y se asomaba.
El aire frío le despejaba tras un largo día. Volvió a alzar la vista hacia las estrellas, esperando encontrarse ahí su cara. No estaba.
Se dejó caer en la cama, sintiendo que una fuerza invisible le empujaba, pues a ella ya no le quedaban energías.
Como si de un vídeo a cámara lenta se tratase, dejó caer su cuerpo en la cama, sintiendo que aboyaba el somier de aquella pequeña cama de madera, que se le antojaba de acero puro.
Apenas tardó en cerrar los ojos.
"Sé que estás aquí."
"Sigue buscando."
"Si creyeras un poco en ti, y algo más en mí..."
Un bosque repleto de escarcha. Las nubes ondeando, allá a lo lejos. Su mirada, siempre a través de ella.
- Cuesta decir quién de nosotros es una ilusión y quién es real. Quién vive y quién no. Quizá yo, alma inmaterial, vivo más que tú, pues siempre estoy presente en tu mente. ¿Y tú? ¿Quién piensa en ti? Quizá tu existencia sea una mera ilusión.
"No sé quién te habrá contado que una vida real es sinónimo de tangibilidad, de cuerpo."
Ella no respira, solo escucha. Tiene los ojos llenos de lágrimas que no puede derramar.
- A veces, lo invisible se puede tocar. Todo depende de su intensidad.
Cierra los ojos. Él intenta tocarla, pero no está. Debe intentarlo con más fuerzas, existir con ganas.
Porque, existir sensorialmente en el archiconocido mundo cruel, no es suficiente. ¡Siempre se puede dar un paso más! Siempre.
Y, esta vez, ese paso consiste en vivir de verdad, más allá de lo físico. Ella, en su traslucidez, se levanta y escribe una nota.
"No es una despedida; volveré. Voy a adentrarme en el bosque de lo onírico, volveré cuando llegue a vivir."
En el sueño, volvió a encontrarse con sus magnéticos ojos, tan reales como los suyos.
En cuanto al mundo de lo palpable y de lo sensorial... No hubo despedida. Ni reencuentro.
"Observa su caligrafía. Siempre me encantó lo sencillo, a veces es lo más bello. Mira su curvatura, infantil y sofisticada a la vez. ¿Qué pasará por su mente para que lleguen esos trazos tan bien definidos al papel?"
Su muñeca apoyada en la mesa. Sus uñas pintadas de azul celeste, sobre esas manos delicadas que sujetaban una pluma y se movían rítmicamente sobre el papel. Dejando ese rastro de tinta, permanente en el tiempo, otra mancha más en la historia. Su cruel filtro lo borraría de la memoria, pero ese es otro tema.
Plasmando todo lo que puede dar de sí nuestra actividad mental, su flexibilidad imaginativa, por medio de ríos de tinta que vierten en finales, sean felices o no, provocan en nosotros estremecimientos reales ante algo ficticio.
La magia.
Y tus palabras son solo brochazos de pintura que componen un todo.
Ritmo. Profundidad. Evocación
Su muñeca apoyada en la mesa. Sus uñas pintadas de azul celeste, sobre esas manos delicadas que sujetaban una pluma y se movían rítmicamente sobre el papel. Dejando ese rastro de tinta, permanente en el tiempo, otra mancha más en la historia. Su cruel filtro lo borraría de la memoria, pero ese es otro tema.
Plasmando todo lo que puede dar de sí nuestra actividad mental, su flexibilidad imaginativa, por medio de ríos de tinta que vierten en finales, sean felices o no, provocan en nosotros estremecimientos reales ante algo ficticio.
La magia.
Y tus palabras son solo brochazos de pintura que componen un todo.
Ritmo. Profundidad. Evocación
Diferentes
Sabes que eres diferente cuando, de pequeña, eres la única de tus amigas que no elige el típico helado de chocolate. Tú siempre has sido más de fresa que de chocolate. Y más de vainilla que de fresa.
Has preferido pasarte tardes en casa de tu abuela haciendo los deberes antes que pasarlas en la plaza, con tus compañeros de clase.
Te gustaban las verduras, pero odiabas la fruta. ¿Verdad que eras la antítesis del concepto contemporáneo de infancia?
Mientras los demás huían de los libros preguntándose su utilidad, tú ahondabas en la obra de Picasso, explorabas la geografía de cada país del mundo y te dejabas conquistar por la historia antigua.
Fuiste diferente, pero no te dejaste intimidar por ello.
¿Y qué es ser diferente? Al fin y al cabo, todos lo somos. Diferentes, humanos, iguales.
La gente se enorgullece de ser distinta. Eso nos unifica como especie. De repente, ser diferente es algo bueno. Y si todos lo somos, todos seremos iguales.
Puede ser que siempre busquemos la aprobación de los demás; la diferencia es esa resta entre virtudes y defectos. No hay dos números iguales.
Infinitud.
Somos la diferencia.
Has preferido pasarte tardes en casa de tu abuela haciendo los deberes antes que pasarlas en la plaza, con tus compañeros de clase.
Te gustaban las verduras, pero odiabas la fruta. ¿Verdad que eras la antítesis del concepto contemporáneo de infancia?
Mientras los demás huían de los libros preguntándose su utilidad, tú ahondabas en la obra de Picasso, explorabas la geografía de cada país del mundo y te dejabas conquistar por la historia antigua.
Fuiste diferente, pero no te dejaste intimidar por ello.
¿Y qué es ser diferente? Al fin y al cabo, todos lo somos. Diferentes, humanos, iguales.
La gente se enorgullece de ser distinta. Eso nos unifica como especie. De repente, ser diferente es algo bueno. Y si todos lo somos, todos seremos iguales.
Puede ser que siempre busquemos la aprobación de los demás; la diferencia es esa resta entre virtudes y defectos. No hay dos números iguales.
Infinitud.
Somos la diferencia.
De lo imposible
Dicen que lo imposible posee más certeza que lo posible. Normalmente, quienes lo dicen han hecho lo mínimo posible en sus vidas, se han conformado con la más ínfima de sus posibilidades y no se han sacado partido al máximo por no creerlo necesario.
Nunca se intenta lo suficiente ni nos esforzamos al cien por cien. Pero, ¿imposibles?
Basta saber ciencia básica para comprender que algunas cosas nunca ocurrirán.
Tal vez ese sea el único destino en el que creo, el destino de lo imposible.
Que las cosas imposibles están destinadas a no suceder; lo posible se dispersa, imposible de controlar.
Intenta caminar por las paredes.
Intenta ser eterno mientras ves la televisión.
Intenta no soñar.
Por suerte, siempre quedará lo imposible.
Nunca se intenta lo suficiente ni nos esforzamos al cien por cien. Pero, ¿imposibles?
Basta saber ciencia básica para comprender que algunas cosas nunca ocurrirán.
Tal vez ese sea el único destino en el que creo, el destino de lo imposible.
Que las cosas imposibles están destinadas a no suceder; lo posible se dispersa, imposible de controlar.
Intenta caminar por las paredes.
Intenta ser eterno mientras ves la televisión.
Intenta no soñar.
Por suerte, siempre quedará lo imposible.
Paralelos
Quiero que dejes de dolerme. Pienso en ti y me recorre un escalofrío chirriante que araña y atraviesa mi columna.
Mi perdición has sido tú, pero me confundiste.
Primero juzgas sin conocer. Luego conoces y te rindes, caes a sus pies, para, más tarde, darte cuenta de que todo fue una ilusión.
"Mejor que al principio, y aun así..."
Para mí, ahora mismo no eres más que la contradicción que distrae mi vida y le impide acercarse al camino correcto. Una contradicción tan básica como la que contiene "destrucción" y "creación" implícitas.
¿Destrucción? De mi individualidad, de mi voluntad concebida como tal.
¿Creación? De mi llama interna, que mantienes viva.
Si te acercas, sus chispas pueden llegar a rozarte con solo una mirada.
Siempre me gustaron las metáforas, pero en este momento de mi vida, tengo ganas de algo real. Algo tangible. Que sea capaz de ver. Tocar. Saborear. Escuchar. Oler. Sentir.
Ese deseo ha ido tomando forma, la tuya, más concretamente. Y mientras tus ojos me piden que me acerque, que te he estado esperando, y que ahora te tengo aquí delante: "no huyas"; tu cuerpo se aleja. Y tu sonrisa, burlona, sonríe al compás de tus retorcidos juegos.
Se camufla en lo complicado, pero ambos sabemos que no es así. Aunque no tengamos el valor de decirlo.
Tus labios vuelven a curvarse, venenosa y ácidamente; mis endorfinas se liberan, enloquezco.
Déjame zambullirme en tu mirada, sé que no eres mío, pero al verme reflejada en tus ojos, en solo cinco segundos, siento la total ilusión de que las cosas podrían cambiar.
Es como nadar en mar abierto. Caminar en la orilla aterciopelada de una playa en calma. La brisa. Alzar los brazos y dejar que ésta traspase la piel.
Hormigueo en los pies.
Subirte a la roca más alta, gritar, dejarte llevar.
Te lanzas...
Y despiertas. De un parpadeo, salgo de tu hipnosis.
Siempre irrevocable.
No me mires así.
Me pierdes y me encuentras. Pero somos dos rectas paralelas, perdidas y sin dirección, con la única certeza en nuestras vidas que es la imposibilidad de nuestro roce.
"Nunca."
Ya de por sí, la infinitud asusta. Pensar que en descomunal lapso de tiempo algunas cosas nunca tendrán lugar, aterroriza.
Me gusta describirme actualmente como un fénix que renace de sus cenizas. Tú eres la llama que me incendia.
Mi perdición has sido tú, pero me confundiste.
Primero juzgas sin conocer. Luego conoces y te rindes, caes a sus pies, para, más tarde, darte cuenta de que todo fue una ilusión.
"Mejor que al principio, y aun así..."
Para mí, ahora mismo no eres más que la contradicción que distrae mi vida y le impide acercarse al camino correcto. Una contradicción tan básica como la que contiene "destrucción" y "creación" implícitas.
¿Destrucción? De mi individualidad, de mi voluntad concebida como tal.
¿Creación? De mi llama interna, que mantienes viva.
Si te acercas, sus chispas pueden llegar a rozarte con solo una mirada.
Siempre me gustaron las metáforas, pero en este momento de mi vida, tengo ganas de algo real. Algo tangible. Que sea capaz de ver. Tocar. Saborear. Escuchar. Oler. Sentir.
Ese deseo ha ido tomando forma, la tuya, más concretamente. Y mientras tus ojos me piden que me acerque, que te he estado esperando, y que ahora te tengo aquí delante: "no huyas"; tu cuerpo se aleja. Y tu sonrisa, burlona, sonríe al compás de tus retorcidos juegos.
Se camufla en lo complicado, pero ambos sabemos que no es así. Aunque no tengamos el valor de decirlo.
Tus labios vuelven a curvarse, venenosa y ácidamente; mis endorfinas se liberan, enloquezco.
Déjame zambullirme en tu mirada, sé que no eres mío, pero al verme reflejada en tus ojos, en solo cinco segundos, siento la total ilusión de que las cosas podrían cambiar.
Es como nadar en mar abierto. Caminar en la orilla aterciopelada de una playa en calma. La brisa. Alzar los brazos y dejar que ésta traspase la piel.
Hormigueo en los pies.
Subirte a la roca más alta, gritar, dejarte llevar.
Te lanzas...
Y despiertas. De un parpadeo, salgo de tu hipnosis.
Siempre irrevocable.
No me mires así.
Me pierdes y me encuentras. Pero somos dos rectas paralelas, perdidas y sin dirección, con la única certeza en nuestras vidas que es la imposibilidad de nuestro roce.
"Nunca."
Ya de por sí, la infinitud asusta. Pensar que en descomunal lapso de tiempo algunas cosas nunca tendrán lugar, aterroriza.
Me gusta describirme actualmente como un fénix que renace de sus cenizas. Tú eres la llama que me incendia.
Control
El futuro sigue borroso, intangible, impredecible, como siempre.
¿El presente?
Todo bien, ¿y tú? Llevo mucho sin oír de tu vida.
He escuchado que te va todo bien.
Pues aquí, todo ha mejorado, teniendo en cuenta cómo dejaste todo. Parecía que hubiera pasado un huracán. Todo roto, las cortinas rasgadas, los libros tirados en el suelo, desgarradas las páginas, por tu empeño en que no siguiera leyendo ficción. ¿Para qué hacerlo? Solo aumentaría mi disconformidad con la vida, comparar una gran tragedia clásica con mi día a día mediocre bajarían aún más mis ganas de salir a la calle, a vivir.
Tú destrozaste todo sin apenas preguntarme. ¡Qué falta de respeto! Y yo, no pude hacer más que permitírtelo.
Sin embargo, me doy cuenta de que ya está todo arreglado. Las cosas están en su sitio, limpias, ordenadas.
Te perdí la vista hace... ¿hace tan poco? Se antojaban siglos en mi mente...
Pero el problema no era tu vista, eran tus recuerdos, y se fueron apagando muy lentamente. Tenuemente, con tranquilidad. Como aquella bombilla del bar, que titiló durante meses, meses y meses, hasta que, por fin, pudo apagarse.
No quisiera atacar más, pero sí, no me iban tan bien las cosas desde antes de conocerte.
¡Enamorarte de tu némesis! Suena tan ficticio, que apenas me lo creo.
Por otro lado, me gusta pensar que mi destrucción fue también mi salvación. He ahí el porqué de esta llamada. Menos mal que lo has cogido y no ha saltado el buzón de voz, porque me pongo realmente nerviosa cuando quiero decirte tantas verdades y no hay nadie al otro lado que me respalde con una simple respiración o un monosílabo, aunque sea.
No puedo más que decirte, que te quiero por ser otro elemento esencial a la suma que soy. Porque a pesar de lo horrible como persona que eres, lo que provocas en la gente es algo maravilloso, de valor incalculable. Y a mí me has dado un poco más de lección de vida, dura y sabia como el tiempo; como tú.
Ahora tengo el control, te lo quité sin que te dieras cuenta, ¡no me mientas diciendo que te importaba!
Sin quererlo, he convertido esta llamada en un pequeño manifiesto a las consecuencias de un amor fallido.
No me llames. Solo quería decírtelo de algún modo.
Te dejo con tu destrucción, pero no abuses de ella. Alguien puede salir herido, como yo lo hice un día. Moderación. Control.
La fantasía es para los débiles
Aquí llega el momento en el que comprendes por qué lo llaman “romper el corazón”.
Porque una fuerza te oprime tanto el pecho, como si de una tonelada de hormigón se tratase.
Cada bocanada de aire que inspiras es un peso inaguantable para tu ahora diminuto cuerpo. Lo asimilas con lentitud, y cuando tienes que exhalarlo, vuelves a sentir ese dolor. Tan agudo, que incluso piensas que podría ser algo patológico.
Las imágenes que primero te vienen a la cabeza se relacionan con tumores y bultos cancerígenos. Pero no. Es algo igual de parasitario, mortífero, en cierto sentido, pero temporal, por suerte.
Te tocas el pecho, preguntándote qué habrá hecho tu corazón para sentir esa sensación de opresión por parte de las costillas. Como si se clavaran todas a la vez, poco a poco, en el músculo rey, cada vez que respiras. Como el sentimiento metafórico que acabas de experimentar, casualmente.
Porque en esos momentos, duele hasta respirar.
Duele, y sin embargo, no sientes nada.
Te miras al espejo. ¿Qué ves? No te reconoces a ti misma. Ves un rostro anónimo al que las circunstancias, concretamente una, ha maltratado, emocionalmente hablando.
Son las cosas de la vida. Nadie tiene la culpa de nada. Es… la vida.
Tan casual como dañina, pero tan gratificante como inesperada.
Piensas que es solo una etapa.
Que quedan muchas más por llegar.
Que no es la peor… Por desgracia (¿qué más puede augurarme?)
Que en el camino, éste será solo otro rastro de hojas pisadas en un charco; pasadas, deshechas y roídas por el parásito del tiempo.
Te sorprendes cuando un escalofrío te recorre. Y cuando termina, en la punta de los pies, dices en voz baja: “adiós, no vuelvas, no quiero volver a sentirte, pues eso, siempre ha implicado hacerme daño”.
Y cruzas el umbral de la puerta. ¿Sin miedo? No, el miedo siempre acompaña.
Aterrada, realmente, pero segura.
Manifiesto herido
La causa y solución de mis problemas me pregunta por ellos.
Ah, ironías de la vida.
Suelto una carcajada amarga que se estampa contra el suelo, como mis sueños.
Rotos, esparcidos todos por el frío mármol que soporta el peso de mi cuerpo cada día.
Día tras día camino sobre ese mismo suelo, sin cortarme con los pedazos de fantasías y esperanzas que en ellos quedaron grabados. Me pregunto dónde quedaron, si alguna parte de ellas aún sigue viva.
Quién sabe, quizá en mi cabeza...
Me destrozaste cuerpo y alma; dejaste mi seguridad en mí misma tiritando; robaste mi dignidad, y a cambio, me regalaste una cantidad ingente de dolor y orgullo.
¡Pero qué fuimos! ¡Si no llegamos a ser nada! ¿Qué duele más que eso?
Qu'est que c'est, l'amour?
¿El amor? No lo sé. Lo que sí tengo claro es que el odio puede ser una consecuencia directa de éste, peligrosa y mortífera. Sobre todo cuando se confunden, y no sabes si llorar, luchar, quererle, aborrecerle, pegarle, besarle o empujarle al abismo que separa tu vida de la del resto del mundo.
Yo opté por la última, pero ah, no es tan fácil.
Para ti: no quiero que seas el motivo de mis tristezas, ni de mis alegrías. Me gustaría que te esfumaras, y regresaras cuando terminaras siendo indiferente para mí.
Mi salud mental se agota de tanta falsa esperanza. Tal vez tenga un problema de imaginación.
Duele.
Parece ser que la herida que me hiciste aún no terminó de cicatrizar.
El mundo sigue tan cruel y gris como lo era por aquel entonces; solo que en aquella época aún nos quedaba un poco de inocencia a la que aferrarnos.
Ahora, el mundo en el que vivimos nos ha contagiado esas características suyas tan propias, como el desengaño, el realismo más ensañado, el pesimismo.
No somos los de antes.
Y aún veo cómo la herida quiere cerrarse, pero no puede.
¿No ves el tremendo parecido?
Quiere, y no puede. Como nosotros.
Como no pudimos, salimos perdiendo los dos. Haciéndonos daño.
Daño con palabras, actos, silencios, miradas, gestos, parpadeos, sonrisas, suspiros, abrazos, besos... Con toda forma de daño posible.
Querernos era la guerra. Y la terminamos perdiendo, por no saber jugar a ella.
Keep calm and Carry On
Se me hace raro felicitarte un año más.
¿Raro?
Lo raro es que sólo lleve felicitándote el cumpleaños un año y me parezca que te conozco de toda la vida y que has estado aquí cuando más lo he necesitado, cuando, nada más lejos de la realidad, nos conocemos desde hace poco menos de dos años, y vivimos a casi 400 KM de distancia.
Carnet de conducir, entrar a discotecas, ir a la cárcel, conciertos en salas, entrada en sex shops y cines X... Wow... ¡Cuántas nuevas experiencias con los 18!
Sí, de verdad que son como un bonus stage de los 17; igual de geniales solo que con mejoras bastante chulas... Siempre que no cometas un crimen. Que nos conocemos.
Ay, amigo mío, espero que tus 18 nos traigan más momentos juntos, que nos hacen falta. ¡Cómo voy a llenar un álbum de momentos importantes si apenas sales en él! Eso sería impensable.
Pero lo más importante es que este año que tienes por delante con tus dieciocho inviernos es la autorrealización, pero vamos, ni te hace falta preocuparte por ello... Acabas de escribir el guion de un largometraje... ¡sin comentarios!
Cuántos quisiéramos haber llegado a tal punto de creatividad a los 17.
Eres una mente privilegiada, y por eso, el mejor regalo que puedes hacerte este año es seguir creando, por no mencionar el regalo que le harías al mundo por hacer lo que te apasiona, sea creando historias, fantaseando o filosofando sobre cualquier tema que se te pase por la cabeza.
¿Sabes? Realmente creo que puedes cambiar la industria del cine o cualquier propósito que te hagas a ti mismo. ¿El mundo? Tal vez demasiado ambicioso, ¿o no? De todas formas yo no seré quien te ponga límites.
Cierro esta felicitación totalmente improvisada y descuidada, que no quiero ni aburrirte ni que te se suban las cosas a la cabeza :-)
¡Es broma! Siendo tú, puedes creerte todo lo que te plazca, puedes llegar a ser cualquier cosa, si te lo propones. Y, ¡desde luego que te lo estás proponiendo!
Bueno, genio, amigo, Sergio, ¡como quiera que te llames! Yo te identifico igual.
Lo dicho: disfruta de tu día, recibe muchos regalos, sonríe mucho, sueña demasiado, sigue teniendo la mente tan bien amueblada y sigue deslumbrándonos con tus historias. Por locas que sean. Insanity rules!
Te deseo un muy feliz cumpleaños, ¡te quiero! Por si lo dudabas.
Un beso muy grande.
Noviembre.
Realmente, un mes que nunca me ha gustado. Es gris, frío y triste, pero tal vez por todo lo que eché de menos el invierno, este verano tan largo como caluroso, haya venido esta súbita adoración del mes otoñal.
Sus cielos color perla me inspiran. Antes, los traducía directamente como tristeza, pero hoy cobra otro matiz: arte, belleza.
Un, dos, tres. Me dejo caer en la cama, refugiándome en las sábanas, huyendo del mundo real y escapándome al mío propio, utópico, cómo no.
Intento darle a cada día una dosis de emoción, hasta que termine agotándose.
***
Al contrario que en los últimos años de mi vida, me siento motivada por algo.
Quiero aprender, quiero crear, quiero imaginar, quiero vivir.
Quiero seguir soñando, llorando y riendo. Sentir.
Y espero no recaer en ese bucle de melancolía y caos, tan propio de mí.
Aire, oxígeno de mis pulmones. Inhala-exhala.
Si salgo a la calle, te noto.
Si respiro, te siento.
Si me faltas, me asfixio.
Eres tan como el aire...
Quiero pensar que algún día de estos seré capaz de lo que siempre me aterró, que es dar la cara.
Plantar cara a los problemas, a los grandes, a los diminutos, a los estándar que surgen a lo largo de una vida estándar.
Porque todo eso me parece demasiado lejano para mí, me veo demasiado débil y cobarde.
¿Seré capaz alguna vez de decir "te quiero" a alguien?
¿Seré lo suficientemente valiente alguna vez como para decir a alguien: "te acompaño donde vayas, no me importan las consecuencias".
Sé que soy egoísta, pero lo que me impide demostrar a los demás lo que siento es algo más profundo que eso, me temo que un aspecto de mi carácter que no se puede cambiar.
Porque, las veces que he demostrado mis sentimientos de verdad, sentía como si mi corazón fuera a salírseme del pecho. Pero quiero cambiar, de verdad, quiero poder decir "te quiero" a las personas que quiero y que no crean que soy una persona vacía por dentro.
En resumen, tengo que cambiar de mí lo que a mí no me gustaría ver en los demás.
Plantar cara a los problemas, a los grandes, a los diminutos, a los estándar que surgen a lo largo de una vida estándar.
Porque todo eso me parece demasiado lejano para mí, me veo demasiado débil y cobarde.
¿Seré capaz alguna vez de decir "te quiero" a alguien?
¿Seré lo suficientemente valiente alguna vez como para decir a alguien: "te acompaño donde vayas, no me importan las consecuencias".
Sé que soy egoísta, pero lo que me impide demostrar a los demás lo que siento es algo más profundo que eso, me temo que un aspecto de mi carácter que no se puede cambiar.
Porque, las veces que he demostrado mis sentimientos de verdad, sentía como si mi corazón fuera a salírseme del pecho. Pero quiero cambiar, de verdad, quiero poder decir "te quiero" a las personas que quiero y que no crean que soy una persona vacía por dentro.
En resumen, tengo que cambiar de mí lo que a mí no me gustaría ver en los demás.
Mi vida bajo el agua
Oigo el susurrar de las olas, el chisporroteo de su espuma al llegar a la orilla. Palpo la arena con las yemas de los dedos y me dejo llevar mientras mis pies rozan el agua del mar, tan fría como podría estarlo un día de otoño en la noche.
Vuelvo a estar sola en esa playa, pienso en lo más doloroso que podría pensar en ese momento: el día que te perdí.
Descalza y sin prisa, me levanto y comienzo a caminar en dirección a ninguna parte, intentando cambiar mis pensamientos por alguna canción o poema alegre, que, sin embargo, termina sin aparecer del todo en mi cabeza.
Cuando estoy triste, no me gusta pensar en cosas bonitas. Cuando estoy triste, pienso en que todo podría ir a peor, y que seguramente empeore pronto, además de repasar todos mis defectos e imaginarme una larga lista de: "y si...".
Pero ahora, mi cabeza decide debatir entre si me perdonarás algún día o no.
Y no lo paso precisamente bien, pues sé que no lo harás, no al menos en un par de años.
Y una lágrima se me escapa, cae y se funde con el resto de agua salada del mar; porque, es una pena que pierda de vista unos ojos como los tuyos. Color océano.
Y yo solo soñaba con desaparecer
Si no puedo ser bonita, quiero ser invisible.
~Monstruos Invisibles
Cada día me apremia más el sentimiento de ser útil, de servir para algo, que me lleve a sentirme querida en último término.
Quiero formar parte de algo, estoy cansada de estar sola; quiero ayudar y estrujarme el cerebro hasta tener las mejores ideas. ¿Por qué siento que malgasto mi potencial?
Creía que era buena escribiendo, creía que era buena creando historias, pero parece ser que me equivocaba enormemente. He invertido este verano en malgastarlo, donde había horas valiosas para aprovechar en mis aptitudes, limitadas, pero al fin y al cabo estaban ahí.
Ahora, me siento vacía, seca, y no por haber sido exprimida al máximo en cuanto a ideas y creatividad, sino por la inactividad del último año, mortales 365 días de gran esfuerzo, trabajo, emociones, problemas y, finalmente, descanso, tal vez demasiado para lo que puedo soportar.
¿Cómo una persona descubre sus talentos? ¿Cómo alguien descubre que ha nacido para algo?
Porque yo nunca he sentido eso. Siempre he intuido que no tendría talento para nada, y por ahora sigue siendo así, con dieciocho años y sin talentos visibles. Por ese motivo veo mi futuro borroso como un día de niebla en Londres.
Me siento inútil, torpe y con falta de iniciativa. Es fácil decirse "voy a cambiar", pero, ¿cómo aprendes a ser una persona nueva?
Sé que con dieciocho años, una está en lo mejor de la vida, por eso, temo que de aquí a unos años no consiga ciertos objetivos; tengo miedo del futuro, creo que todo se resume a eso.
Y mi falta de experiencia en tantas cosas no ayuda.
Incertidumbre.
Soledad.
Ganas de borrar la sonrisa pintada sin ganas en mi cara.
Química irracional
Uno, dos, tres, fusión.
Chispas, destellos, que se entrecruzan en nuestras miradas.
Tus ojos me dicen "ven", mi razón se resiste, el corazón bombea rápido la cálida sangre que recorre uno a uno cada rincón de mi cuerpo.
Doy un paso, me arrepiento, vuelvo a donde estaba. Me coges la mano y todo queda atrás.
Las segundas oportunidades no son más que el velo que cubre una mentira, para que nos sintamos mejor con nosotros mismos.
Mis labios suplican que no vuelvas a hacerme daño, tus promesas dejan claro que no.
Pero las palabras se las lleva el viento.
Confiar, o no confiar se convierte en una cuestión vital.
Quiero confiar en ti, pero me gustaría tener la certeza de si eso es suficiente... ¿lo es?
We are the new pollution

Arropada en sus sábanas de sueños rotos, cubierta por su edredón de insomnio, se frota los ojos ante el pequeño rayo de sol que se cuela entre la pequeña rendija de la ventana que no consigue tapar la persiana.
Sus ojeras van adquiriendo un tono violáceo, que contrasta con su pálida piel y su cobrizo pelo.
Apoya un pie en la alfombra, se da impulso, se levanta y se estremece ligeramente al notar que ha apoyado el dedo gordo del pie izquierdo en el frío mármol que cubre el suelo de la habitación.
Está sola, asomada por la ventana, aun con el pijama puesto, nota que el frío traspasa sus huesos, y que el sol que la mira desafiante solo es una falsa ilusión. Le esperaba un día frío y duro.
Antes de salir de su pequeño hogar en las afueras de un modesto barrio obrero, se abrocha los cordones de los zapatos y termina de guardar los libros que le faltan en la mochila, ya no tan nueva y colorida como al principio del curso, en septiembre, sino oscurecida a causa del tan frecuente uso que se le da a diario.
Mira al cielo y no entiende lo que ve. Algo normal para una dulce niña de once años.
Pero, en cambio, sí parece notar cómo al respirar el aire matinal no le hace sentir viva, como debería ser.
El cielo está gris, pero no es a causa de la borrasca.
El cielo está gris porque nosotros queremos.
El cielo está gris porque nuestra forma de vida ha ido destruyéndolo.
El cielo está gris porque lo hemos matado.
Vivir así, cada día, respirando la esencia de la muerte que un día nos invadirá al completo.
Respirando el anticipo de nuestra caída y derrumbe, de la fuerza poderosa que nos apartará de quienes más queremos.
¿No hay solución? Nadie se atreve a planteárselo.
Porque parece ser que no merece la pena salvar la vida de todo el planeta si a cambio tenemos que destruir nuestra actual (y asesina) forma de vida.
Que alguien haga algo.
Antes de que su último aliento se haya convertido en veneno.
Walls are tired
Hay que ver, cómo se repite esa maldita pregunta un día al año, "¿qué se siente con un año más?". ¿Es posible que existe pregunta más estúpida que esa?
En mi caso, lo único que ha variado es que ahora tengo todo lo mejor y peor de la edad adulta.
Más libertad, que acarrea más responsabilidades.
Los dos últimos años de la adolescencia, antes tan interminable, tan presente, ahora contemplamos sus últimos momentos, recordados por buenos o malos momentos que hicieron estremecernos de emoción o temblar de rabia. Se desvanece, y con ella, los mejores y los peores años de tu vida.
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